#Cuba: Para que Obama pierda el miedo

«Conozco el caso a través de los abogados, pero no por lo medios. Parece ser otra de las cosas idiotas que está haciendo nuestro gobierno», dijpo Gore Vidal en 2006. Foto Internet

«Conozco el caso de Los Cinco a través de los abogados, pero no por lo medios. Parece ser otra de las cosas idiotas que está haciendo nuestro gobierno», dipo Gore Vidal en 2006. Foto Internet

Anrozudi se complace en compartir con sus lectores este post del colega Iroel Sánchez en su blog La Pupila Insomne en el que ilustra mediante las palabras de Gore Vidal, quizás el más relevante intelectual vivo de Estados Unidos,  que la injusta condena de Los Cinco antiterroristas cubanos es una clara manipulación política de la actual administración Yanqui. Pero no los demoramos más, lean ustedes mismos y saquen sus propias conclusiones.
Interrogado sobre los cinco antiterroristas cubanos, condenados en EE.UU. y cuya libertad es reclamada de modo creciente al gobierno norteamericano, Gore Vidal -quizás el más relevante intelectual vivo de ese país- afirmó en Diciembre de 2006:
“Conozco el caso a través de los abogados, pero no por lo medios. Parece ser otra de las cosas idiotas que está haciendo nuestro gobierno. Tengo entendido que el Presidente Clinton y el Presidente Castro intercambiaron mensajes para detener a los terroristas de Miami, que habían puesto bombas en hoteles y en oficinas que enviaban turistas a la Isla. Los dos presidentes estaban de acuerdo con que esta situación debía ser detenida. Clinton le pidió al FBI que viniera a Cuba y Castro estuvo de acuerdo con eso. En vez de apresar a los terroristas, el FBI arrestó a los cubanos. Sigue leyendo

#Islajuventud: A 140 años de un adiós con regreso convertido en millones

Finca Museo El Abra en Isla de la Juventud. Foto AnroZudi

Finca Museo El Abra en Isla de la Juventud. Foto AnroZudi

Dice la voz popular que no importa dónde se nace o dónde se muere sino dónde se lucha, quizá por eso todavía son perceptibles las huellas de su andar ligero en la centenaria masía, a la usanza de las fincas catalanas, localizada a poco más de dos kilómetros de la ciudad de Nueva Gerona.
Las pequeñas moléculas no hacen una apología a su nacimiento el 28 de enero de 1953, ni a la etapa de la niñez, marcada por una sociedad esclavista, y sí a ese momento en que conoció las penas del presidio político entre grilletes, martillo y piedras en la cantera de San Lázaro en La Habana.
Quiso el azar que José María Sardá – ingeniero militar de origen catalán, propietario de la sección La Criolla, donde hacía trabajos forzados el joven– interviniera en la conmutación de la pena y lo trajera a Isla de Pinos a bordo del Nuevo Cubano al amanecer del 13 de octubre de 1870.
Recuerdo -dice el polvo apisonado- que era un día otoñal, el peralejo impregnado de rocío bordeaba el camino que culminaba en los jardines de la masía de blanquísimas paredes con piso y techo rojos, que en la distancia parecían ofrecer sus labios al azul celeste.
La armonía fue rota por la calesa, en su interior un jovenzuelo de mirada dulce, cabello demasiado corto, frágil figura, aproximadamente un metro 70 centímetros de estatura y vestido de blanco viajaba junto a su custodio.
Aquí le dio la bienvenida una mestiza, Trinidad Valdés Amador, esposa de Don Sardá, fue ella quien cuidó la quebrantada salud del mozalbete, atendió sus ojos dañados por la cal y curó las yagas de los tobillos aún presos del grillete, que le fue retirado en la herrería de la finca.
Más de una vez lo vi frente al reloj de sol, único de su tipo aquí; desandar la finca y elevar su mirada hasta lo alto del penacho de las palmas; beber agua del manantial, viajar a Nueva Gerona para responder presente al pase de lista en su condición de confinado político.
Este agreste lugar fue la última visión de la campiña cubana que le acompañó al abandonar suelo patrio al anochecer del 18 de diciembre del mismo año para ser deportado a España, el 15 de enero de 1871, hace exactamente 140 años y 28 días.
Tal vez fue aquí donde sintió con más fuerza que debía apresurarse en su empeño de salvar a la Patria porque no dispondría de mucho tiempo, tenía la noción exacta de lo que le correspondía hacer como novio de Cuba, y si una vida no le fuera suficiente para ello, se centuplicaría en muchas otras.
Te estremecerá saber que sus redentores corrieron igual suerte que el Maestro. Ellos reconocidos como los moncadistas llegaron otro 13 de octubre a esta isla carcelaria. Como él pensaron aquí en la premura de levantar al pueblo para limpiar la honra mancillada de la Patria.
En ese empeño muchos se apropiaron de la consistencia de su poesía, bebieron en la levadura de sus discursos, se arroparon con fibras del corazón del paradigmático Héroe, quien regresó convertido en millones el amanecer del primero de enero de 1959.

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